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UIA 2005 en Estambul
¿Cómo reunir a un equipo de intérpretes profesionales y de calidad en un país del que se desconoce el idioma y las costumbres? Danielle Grée, miembro de Calliope, nos cuenta su experiencia con el Congreso 2005 de la Unión Internacional de Arquitectos, celebrado en Estambul.
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Mi relación con la Unión Internacional de Arquitectos se remonta a 1996, al Congreso de Barcelona, en el que se dieron cita 12.000 delegados y 70 intérpretes. Las ediciones siguientes fueron en Beijing y Berlín, hasta que en 2005 el turno de ciudad anfitriona de uno de estos macro congresos le correspondió a la deslumbrante ciudad de Estambul.
Como es natural, los organizadores locales quisieron darle al Congreso la máxima difusión posible entre los arquitectos del país y entre sus primeras decisiones estuvo la de disponer de interpretación simultánea inglés-turco en quince salas, además de las dos sesiones plenarias en las que el régimen lingüístico sería de cinco idiomas: los cuatro oficiales de la UIA (inglés, francés, español y ruso), más el turco. Esta decisión planteaba un enorme desafío ya que había que encontrar intérpretes profesionales en un país en el que, por su insularidad lingüística, la Asociación Internacional de Interpretes de Conferencia (AIIC) contaba con escasos miembros.
Turquía se asemeja a otros países en el sentido de que cualquiera puede autoproclamarse intérprete. Siendo así, se imponía recurrir a nuestra red de contactos para conseguir las imprescindibles referencias. Hablé con algunos colegas que ya habían montado equipos en Turquía o
que están estudiando turco y conocen a los intérpretes locales y, por supuesto, me puse en contacto con los miembros de AIIC residentes en la región. Realicé largas búsquedas en Internet hasta encontrar una asociación de intérpretes turcos llamada BKTD y otros tres grupos de profesionales con experiencia. Observé que recurrían a criterios semejantes a los que tenemos en Calliope, es decir que cada grupo aplicaba normas muy estrictas para la admisión de intérpretes, un código deontológico y un enfoque profesional. Además, varios intérpretes locales ya habían demostrado interés por AIIC y, a decir verdad, desde entonces la mayoría ha pasado a formar parte de la Asociación.
Mis preparativos comenzaron con más de un año de antelación a las fechas de celebración del congreso. Me trasladé a Estambul para conocer a los miembros del Comité Organizador y comprobar los requisitos lingüísticos de la reunión. Asimismo, inspeccioné las salas y las cabinas de interpretación y gracias a la experiencia acumulada tras cuatro congresos de la UIA, pude formular algunas sugerencias prácticas. Para asegurarme de que todos los intérpretes tuvieran el perfil requerido, exigí un breve currículo. Como uno de los sectores de la Asociación, el Sector del Mercado Privado, celebró una reunión en Estambul en el mes de enero de 2005, aproveché la oportunidad para escuchar en directo a varios colegas turcos. Hablé con mis contactos en Turquía para comprobar las combinaciones lingüísticas, los campos de especialización y experiencia profesional de cada uno y, desde luego, las afinidades personales – cuestión esencial si se pretende que un equipo de 60 intérpretes funcione con armonía y ofrezca sistemáticamente prestaciones de calidad. Mientras esto se producía, no descuidé la necesidad de localizar intérpretes del entorno europeo para cubrir los idiomas con escasa presencia en Turquía: francés, castellano y ruso.
Como las informaciones de diversa fuente que iba recabando y los resultados de mis averiguaciones parecían apuntar, afortunadamente, en la misma dirección, pude rápidamente empezar el proceso de selección previa y realizar ofertas en firme a los intérpretes a medida que el programa se iba confirmando, no obstante sus numerosos cambios y los consecuentes ajustes. Al final fue necesario recurrir a 60 intérpretes profesionales para cubrir las reuniones programadas y entre ellas la ceremonia inaugural, celebrada al aire libre en una antigua fortaleza. De los 60 miembros de la asociación BKTD se contrataron unos 40 para atender el servicio de interpretación en las salas con inglés y turco y a 20 intérpretes procedentes de varias capitales europeas para cubrir los demás idiomas del congreso. Estos últimos también necesitaban alojamiento y había que conseguir la autorización de sus billetes de viaje.
Un congreso de esta magnitud requiere que las cuestiones logísticas sean tratadas y resueltas in situ. Así que me instalé en Estambul una semana antes del inicio del congreso para hacer la preparación terminológica y obtener los documentos, imprescindibles ambos, en la preparación de los intérpretes.
Me puse en contacto con los coordinadores del programa y los secretarios de las distintas comisiones de la UIA, solicitándoles los órdenes del día y los resúmenes de las ponencias de cada una de sus sesiones de trabajo. La Secretaría de la UIA me proporcionó la documentación correspondiente a la Asamblea General de la UIA y, a su vez, el Comité Organizador me envió los resúmenes de algunas ponencias técnicas. Sistematicé esa creciente marea de documentos y la cargué en un maletín en Internet para que todos los intérpretes tuvieran acceso y pudieran descargar lo necesario. Claro que la brecha digital hizo de las suyas, pero los colegas jóvenes estuvieron dispuestos a apoyar a los no iniciados en el ciberespacio... enviándoles la documentación por fax.
La coordinación de un equipo de 60 intérpretes, desde el principio y hasta el fin de un congreso, no es una tarea fácil, especialmente en otro país y desconociendo el idioma y los arcanos de su burocracia, así que le pedí a un colega turco, Yaman Aksu, que me ayudara a gestionar el equipo. Su habilidad mediando en mi nombre con los intérpretes o los organizadores locales, o sus glosas como iniciado en las claves de ciertas actitudes o comportamientos, me resultaron invalorables. Sus buenos consejos sobre el mejor modo de conseguir que las cosas se hicieran fueron providenciales. En Turquía, como donde fueres, haz lo que vieres...
De otro modo, el Congreso de la UIA se desarrolló como todos los grandes acontecimientos. Las normas fundamentales que se deben aplicar son las mismas que para cualquier congreso mundial. Hay que preparar las asignaciones de los intérpretes con la debida antelación para modificarlas la víspera en función de los cambios de última hora en el programa (es conveniente disponer de un programa informático especializado que realiza esa tarea con gran eficacia y precisión). Resulta muy útil nombrar un jefe de equipo en cada sala que se convierte en el interlocutor de los organizadores. En las salas multilingües se necesita un responsable de documentación para obtener y fotocopiar las notas de los oradores. Además, hay que estar listos para atender cambios en el programa, una indisposición o afonía inopinada de un colega o una lengua sobrevenida, como fue el caso en Estambul con el italiano, el ruso, el portugués y el azerí.
¿Qué conclusiones se puede extraer de esta aventura? Que incluso en un país remoto, se puede componer un equipo de intérpretes de calidad, siempre y cuando se proceda con las cautelas necesarias para garantizar la presencia de profesionales experimentados, confiables y responsables; y en la medida en que se recurra a las valiosísimas competencias locales aplicando las reglas de organización habituales en congresos de esta magnitud. No puedo concluir sin rendir tributo a nuestros colegas de Estambul por su actitud profesional solidaria y por la calidad de su trabajo. Por todas estas razones, y no por milagro aunque lo parezca, el turco fue una lengua más, perfectamente al alcance de todos.
Danielle Grée
Miembro de Calliope en España

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