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SIN PESTAÑEAR
Los intérpretes, al igual que los delegados, por lo general sabemos guardar la calma. Hacemos acopio de nuestros conocimientos, nuestra experiencia y nuestra empatía para transmitir no sólo la propuesta del orador sino también el espíritu que lo anima. Empleamos el tono, la voz y el estilo para mantenernos fieles al orador, pero nos cuidamos de no ser histriónicos. Un sencillo “buenos días” debe ser eso y nada más, ni un monólogo de Calderón de la Barca, ni “Nuestra América” de José Martí.
No obstante, hay ocasiones en que suceden cosas que ponen en jaque a nuestro equilibrio emocional.
A veces, las palabras de alguien que se va a jubilar nos toman desprevenidos y nos dejamos llevar por la emoción de ese momento en que un ser muy querido por sus compañeros se despide con emocionada reverencia.
Los valientes que contra viento y marea trabajan incansables para lograr lo que les parece justo nos conmueven a todos y cuesta mucho que no se perturbe nuestra parte más humana cuando transmitimos sus palabras.
Les daré dos ejemplos.
Trabajé una vez en Sudáfrica para Amnistía Internacional en un evento que, sin duda, estaba lleno de significado para todos los que participaron en la reunión, dado el papel de AI para combatir el apartheid. En la ceremonia inaugural, un coro local cantó el himno nacional “Nkosi sikelel’ iAfrika”. Se me puso la carne de gallina.
En otra reunión de defensores de los derechos humanos, un delegado de la República Democrática del Congo tenía que describir la vida en los campos de refugiados en Goma, pero el día anterior había hecho erupción un volcán, y ese hecho provocó una enorme devastación del lugar y la huída en masa de los refugiados en los campos. El delegado había visto y vivido cosas que ningún ser humano debiera vivir ni ver… el volcán le había robado el habla. Nos dijo entonces que sólo podía cantar un lamento. Empezó a cantar con una voz débil y a punto de quebrarse, que fue aumentando en volumen mientras escuchábamos absortos el canto fúnebre, mucho más elocuente que cualquier informe por escrito que pudiera haber leído nadie.
Phil SMITH
Miembro de Calliope, Gran-Bretaña

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