Diario de una intérprete olímpica en Atenas


A diferencia de algunos miembros de Calliope-Interpreters con experiencia en el ámbito olímpico - Danielle Grée fue Jefe-intérprete en Barcelona’92, Phil Smith, Rosaura Bartumeu y Carol Davies interpretaron en Barcelona, Hazel Cole en Canadá y Bertold Schmitt en Sydney - Martine Bonadona debutó en Atenas como intérprete olímpico. Estas son sus vivencias .
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Cuando me notificaron que me habían seleccionado para el equipo de intérpretes olímpicos, me puse muy contenta aunque sabía que tendría que entrenarme mucho para estar en plena forma y alcanzar el pleno rendimiento durante la competición. Intuía que mis sesiones de entrenamiento tendrían que incluir la elaboración de un gran número de glosarios y la asimilación de mucha terminología deportiva. Para empezar desconocía cuál iba a ser el cometido exacto de mi trabajo. ¿Simples conferencias de prensa? ¿Reuniones de especialistas para analizar las técnicas deportivas en las diferentes disciplinas? ¿Entrevistas a medallistas en los estadios? Se imponía consultar con algún colega que hubiera participado con anterioridad en los Juegos y que pudiera marcar las pautas de mi entrenamiento. Gracias a Calliope, me encontré directamente en la línea de meta sin tener que correr la maratón .

Durante la fase de preselección el Comité Organizador Atenas 2004 (ATHOC) trató de conocer nuestras preferencias deportivas. Poco antes del disparo de salida, recibí un programa provisional incluyendo cinco deportes (sólo dos de los ocho que había seleccionado de un total de 37 disciplinas): gimnasia artística, vela, saltos sincronizados, ciclismo en pista, tenis, así como reuniones en la Villa olímpica y conferencias de prensa (que podrían ser sobre cualquier deporte).

Llega el momento de hacer las maletas. Además de los diccionarios y artículos descargados de Internet, se impone incluir bañadores, gafas de sol, ropa de verano y, para curarme en salud, alguna chaquetita de lana. Viendo mi equipaje nadie podría adivinar si me voy de vacaciones a un país cálido o si me preparo para afrontar largas jornadas de trabajo confinada en salas de prensa con exceso de aire acondicionado.

En el aeropuerto de París, me encuentro con los primeros colegas. Compartimos dudas y nerviosismo, cosa que nos tranquiliza. Llegamos de madrugada y descubrimos que ya formamos parte de la « familia olímpica » porque tenemos acceso al transporte olímpico.

Al día siguiente, en una sesión informativa general y en presencia de unos 150 colegas, se nos anuncia nuestra nueva identidad de « intérprete olímpico » (la bolsa deportiva que se nos entrega da fe de ello); recogemos nuestra acreditación mágica, para acceder a nuestros puestos de trabajo en las sedes, glosarios en los tres idiomas oficiales (inglés- francés y griego), una gorra olímpica (extraviada en un abrir y cerrar de ojos), instrucciones relativas al transporte, las sedes, los hoteles y las asignaciones de trabajo de cada uno. Y sobre todo un móvil de última generación, préstamo de un patrocinador oficial para estar localizable en todo momento, recibir mensajes sobre el lugar de trabajo y cubrir cualquier imprevisto. Será nuestro “medallón” y, al igual que los miles de voluntarios olímpicos omnipresentes en la ciudad y en las sedes, lo llevaremos colgado al cuello durante todos los Juegos. Acreditación y teléfono serán nuestra bandera olímpica y nos permitirán desfilar como miembros de esta gran familia.

Los intérpretes estamos distribuidos en varios hoteles bastante aceptables todos. No sabemos si ello obedece a razones de seguridad (el temor a un ataque terrorista preocupaba en ese momento y desaconsejaba la concentración de colectivos) o por razones logísticas, por ejemplo, de capacidad de los hoteles. Algunos colegas están alojados en un hotel próximo a la Plaza Omonia, que consideran menos señorial que el mío, pero con una piscina en su azotea, llamada a convertirse en su cuartel general y que, para darle un aire de seriedad profesional, pasa a ser conocida como "la oficina". Es un lugar de encuentro y cotilleo. Otro lugar privilegiado es el Divani, sede de la Comisión Médica, que dispone también de una bonita piscina para disfrute de los intérpretes asignados a dicha comisión.

Dedicamos nuestra primera jornada a una sesión de instrucción. Se nos explican las situaciones en las que está prevista la participación de los intérpretes olímpicos profesionales: comisiones técnicas o médicas, reuniones de Jefes de Misión en la Villa Olímpica (donde tratan las cuestiones de intendencia y logística de todas las delegaciones), reuniones del Comité Olímpico Internacional, conferencias de prensa con los atletas, pero sólo en las finales, después de la entrega de medallas. No tenemos competencias en la "zona mixta", zona por la que los deportistas pasan al final de las pruebas, de regreso a los vestuarios, y donde les esperan periodistas y televisiones del mundo entero. Tampoco está dentro de nuestras competencias cubrir la interpretación en un edificio imponente, el IBC (International Broadcasting Centre), sede de radios y televisiones, que recurre a otros intérpretes. Como rápidamente pudimos observar, sobre todo en las zonas mixtas, los medios informativos a menudo sólo están interesados por sus atletas nacionales con los que comparten el idioma. En caso de necesidad, los famosos voluntarios de los JJ.OO. son los que aseguran el enlace. Se les reconoce fácilmente gracias a su camiseta de colores. Son tan numerosos y variopintos que se desenvuelven incluso en los idiomas más exóticos. Cada noche se nos comunica nuestro programa de trabajo por SMS y, en caso de necesidad, directamente por teléfono. Recibimos también un programa provisional que no tiene por qué coincidir con lo que se nos había comunicado antes de nuestra llegada a Atenas.

La Jefa de los intérpretes nos hace partícipes, con cierto brío, del gran número de actividades organizadas con motivo de los Juegos, espectáculos y noches alocadas con sus consiguientes atascos, incluso nocturnos. Esta es la cara de la moneda. La cruz está en que nuestro contrato prevé una jornada laboral de 7 horas diarias, y mientras no las hayamos cumplido, estamos de guardia sin límite horario. Además, tampoco podemos alejarnos demasiado por si surge algún imprevisto, ni podemos, teóricamente, asistir a las competiciones para no ocupar el lugar de los espectadores (que han comprado sus entradas) ni el de los periodistas (que tienen que cubrir el evento). Por último resulta que tenemos que organizar nuestros propios desplazamientos, aunque tengamos acceso a todos los transportes, incluso a los que están reservados para los medios informativos. La decepción y la inquietud hacen mella en nuestras filas.

Disponemos de dos días libres antes de la apertura oficial de los Juegos Olímpicos. Dos días que, en pequeños grupos, dedicamos a explorar, primero, los transportes públicos, con un metro renovado y magníficas estaciones, un tranvía tan reciente que todavía no sale del centro, autobuses olímpicos que utilizan carriles reservados, o normales, taxis olímpicos (que cobran más porque pagan un canon de acceso a los carriles olímpicos), y nos encontramos de pronto armados de infinidad de planos, de la ciudad, de las sedes olímpicas, de los transportes normales, de los transportes olímpicos, de los transportes reservados a los medios... Para situarme, me dirijo hacia el Centro Principal de Prensa donde cubriremos las ruedas de prensa. El CPP se encuentra a proximidad del complejo deportivo denominado OAKA, que también exploro. Por vez primera, descubro la extraordinaria elegancia de los edificios concebidos por Calatrava de una gran pureza de líneas. A lo largo de los próximos 15 días tendré la oportunidad de volver repetidamente a estos parajes y nunca dejaré de maravillarme ante la levedad de este gigantesco estadio, ante el paseo que lleva a la estación, cubierto por un elegante entramado de rejas, ante la estética del velódromo, y ante el Muro de las Naciones, imponente estructura de barras metálicas blancas cual olas rompiendo en la costa. ¡Todo un éxito!.

Pequeño obstáculo en nuestra carrera olímpica: el acceso a Internet, herramienta indispensable para estar informado y comunicado, que se convierte en una hazaña. No está previsto en las salas reservadas a la prensa, es casi inexistente en los hoteles y los cybercafés son una realidad virtual. Por otra parte, en el hotel, la televisión sólo capta la CNN y BBC World en inglés; los canales que retransmiten los Juegos en directo son en griego o alemán. ¡Resulta muy frustrante contemplar las competiciones sin entender lo que dice el comentarista! Hablamos con la dirección del hotel y se nos informa que al tercer día de los Juegos podremos sintonizar Eurosport en inglés. Utilizamos de forma sistemática los numerosos ordenadores repartidos por las sedes, conectados en intranet a la base de datos Infos 2004. Allí encontramos una parte de los glosarios, las indispensables listas de salida con los nombres de los atletas que participan en cada prueba, y las biografías de todos los deportistas. En definitiva, informaciones todas ellas de gran utilidad para nuestro trabajo.

Pocas horas antes de la ceremonia oficial de apertura, un auténtico terremoto informativo turba la aparente tranquilidad reinante. Dos atletas griegos, Costas Kentéris (actual campeón olímpico en la prueba de 200 m) y Ekaterini Thanou, (sub-campeona del 100 m) sufren un accidente de moto. El accidente provoca sospechas ya que estaba previsto que ambos atletas se sometieran a un control antidopaje. Grecia no sale de su asombro. El COI ha declarado la guerra al dopaje y se ha puesto manos a la obra. Durante los Juegos varios atletas serían descalificados. Sin lugar a dudas, las reuniones de la Comisión Médica debieron ser apasionantes.

Después de un primer día de guardia sin nada que destacar, al día siguiente me envían fuera de Atenas, a Markopoulos, sede de las pruebas de tiro y de los deportes ecuestres. Llegar allí me lleva una hora y media. Me pongo en contacto con la responsable lingüística de la sede (Linguistic Services Venue Manager, que resulta impronunciable en sus siglas inglesas de LSVM, y que los francófonos se apresuran a transformar en LVMH, por similitud con la prestigiosa marca de artículos de lujo). Cada centro tiene un responsable lingüístico y un responsable de la sala de prensa, ambos voluntarios. Además, tenemos en general a un Jefe del equipo de intérpretes griego. Tres niveles de decisión e instrucciones distintos en función de las sedes.

No se nos invita a presenciar en directo la competición de tiro olímpico femenino. Pero, llevada por la curiosidad, me subo a las gradas de prensa. El silencio que impera antes de cada serie es impresionante. Finalmente, una joven ucraniana se alza con la medalla de oro. Quedo fascinada por la complejidad del sistema informático que retransmite todo en directo, las imágenes de los atletas durante toda la prueba, los resultados en tiempo real, las pantallas gigantes de información y las decenas de monitores para uso y disfrute de los periodistas.

No me pierdo la ceremonia de entrega de medallas. Las encargadas de presentarlas, junto con coronas de olivo, son jóvenes en atuendo folklórico. Es mi primera ceremonia olímpica y me emociona. Las medallistas (Ucrania, Serbia-Montenegro, Bulgaria) hablan idiomas que no figuran en la combinación lingüística del equipo de intérpretes profesionales asignados a la competición. Asistentes lingüísticos voluntarios se colocan al lado de los medallistas e improvisan una traducción en cascada, pasando siempre por el griego. Al final de mi segunda jornada sigo sin haber tenido que interpretar. En este momento me doy cuenta de que mi cometido en los Juegos incluirá altas dosis de preparación, muchas horas de espera y relativamente poco trabajo en cabina.

Pasan los días. Los deportes estrella, que atraen el mayor número de espectadores son, la natación durante la primera semana, y el atletismo durante la segunda. Entre mi programa de trabajo y mis preferencias personales tendré el privilegio de ver en directo a Michael Phelps, Ian Thorpe y Pieter van den Hoogenband, tres estrellas de la piscina que coleccionan las medallas, y también a Laure Manaudou, orgullo de Francia. A última hora del día me corresponde la prueba de saltos sincronizados en la que, de forma inesperada, el dúo griego gana su primera medalla de oro, cosa que redime el honor de la nación. La música de Zorba resuena en el recinto y los espectadores bailan y cantan. También tuve la suerte de presenciar la actuación de Carly Patterson cuando se impuso en el concurso general de gimnasia superando a la estrella rusa, Svetlana Khorkina. La rueda de prensa posterior es sorprendente. Respondiendo a un periodista, Carly, como buena americana, desgrana a toda velocidad sus figuras técnicas favoritas y me toca sudar tinta para apenas mantener el ritmo. Cuando se marcha para someterse al control antidopaje, Svetlana, que se considera perjudicada, nada más ver salir por la puerta a Carly, lanza un ataque viperino tanto contra la ausente como contra los jueces. Otro día, me asignan al ciclismo en pista. Como desconocía las reglas de este deporte, me paso casi una jornada entera preparándome.

Mi noche más larga la paso en la pista de tenis. Ya estamos a sábado 21 de agosto. Después del encuentro en el que se disputa la medalla de bronce individual masculina – y que finalmente se lleva el chileno Fernando Gonzalez al cabo de 3 horas y 27 minutos de partido – tiene lugar la final femenina entre Amélie Mauresmo y Justine Hénin, quien gana con facilidad y rapidez. En la rueda de prensa, Amélie reconoce simplemente que su rival jugó mejor, mientras que Justine demuestra su soltura con los periodistas. Se expresa con facilidad tanto en francés como en inglés. Su discurso es muy estructurado, cosa que facilita nuestro trabajo. A continuación, pasamos a la final masculina de dobles que enfrenta a dos chilenos, entre ellos González, con dos alemanes. Los chilenos ganan, hacia las tres de la mañana y al cabo de 3 horas y 43 minutos de suspense ininterrumpido, enlazando con la ceremonia de entrega de medallas y la rueda de prensa posterior. Llegamos al hotel exhaustos .

Los Jefes de misión se suelen reunir muy temprano en la mañana en la Villa Olímpica que está lejos y a donde se llega con cierta dificultad. Los equipos de intérpretes se asignan en función del hotel donde están alojados y un minibús nos recoge a las seis de la mañana. Las reuniones son rápidas e infinitamente variadas, cubren temas muy dispares, y en ellas se tratan cuestiones logísticas como el transporte, el lavado de ropa, la falta de kimchi para los coreanos, o la distribución de preservativos .

Todo ello no es óbice para que visitemos la ciudad, ya que no hay demasiadas competiciones por la mañana y escasean a primera hora de la tarde por el calor que arrecia, o quedamos con los colegas para cenar. El teléfono no para. Intercambiamos todo tipo de consejos y recomendaciones sobre lo que hay que hacer o procurar evitar, sobre los medios de transporte, los resultados, los momentos estelares. Vivimos en un mundo intemporal, siguiendo el ritmo de las competiciones, del azar de nuestro trabajo, a menudo enganchados a la pantalla del televisor para estar al corriente de todo lo que sucede en el mundo del deporte. Estoy plenamente sumergida en este ambiente hasta que un día descubro que mi contrato llega a su fin y que tengo que volver a la normalidad.

¿Qué recordar de los Juegos Olímpicos de Atenas.

Que los griegos han hecho las cosas realmente bien. Sin lugar a dudas tuvieron que ir resolviendo algunas incidencias como es de esperar cuando se organiza un acontecimiento de esta magnitud, pero no hubo nada que perturbara realmente el desarrollo de los Juegos. Las disposiciones de seguridad eran impresionantes, pero discretas. La ceremonia de apertura fue elogiada de manera unánime; se respetaron los horarios; las instalaciones eran bonitas y funcionales; y, si algo faltaba, a ojos de un profano no se veía. La ciudad estaba limpia y era muy agradable. Las sedes estaban alejadas unas de otras y los traslados eran largos, pero los transportes funcionaron bien.

Que ser intérprete en unos JJ. OO. es una forma fantástica de participar en uno de los mayores acontecimientos mediáticos del planeta, pero que el trabajo incluye largas horas de espera, mucha preparación y un seguimiento permanente de todos los deportes, aunque luego pases poco tiempo en cabina salvo, en este caso, para los colegas griegos y chinos que fueron muy solicitados, los primeros porque el griego se necesitaba siempre y los segundos porque China consiguió un número impresionante de medallas.

Que la cuestión de las traducciones sigue siendo una asignatura pendiente vista la multitud de idiomas en que hablan atletas de cinco continentes. Los JJ.OO. tienen dos lenguas oficiales, el francés y el inglés, a los cuales en este caso se añadió el griego, lengua del país anfitrión. En la práctica, las ruedas de prensa no siempre fueron traducidas a estos tres idiomas, por falta de instalaciones técnicas apropiadas. Realizar la interpretación en consecutiva a tres idiomas consumía demasiado tiempo y a menudo se impuso el inglés como lengua de trabajo o lengua pivot. ¿Qué papel le depara el futuro al francés? Muchos se lo preguntan.

Hoy, la "oficina", Calatrava, ATHOC, las medallas de oro, los controles anti-dopaje, Eurosport, el CPP y OAKA forman parte de mis recuerdos. Gratos recuerdos. ¡Espero con impaciencia las próximas ediciones: en 2008 y 2012 y todas las que sin duda seguirán!



Martine BONADONA
Miembro Calliope, Francia
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