Los intérpretes en la justicia transicional
Hoy en día la interpretación simultánea es muy común en las reuniones internacionales, sin embargo, ¿cómo vivieron la experiencia los pioneros de la profesión en el proceso de Nuremberg? y ¿cómo la viven los intérpretes que trabajan en el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia en la Haya y en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda en Arusha, Tanzania? ¿Qué se siente al ser la voz de un criminal de guerra? ¿Y cuando se tienen que repetir las historias de las víctimas?
Martyn Swain trata estas cuestiones en su disertación de Maestría que resume a continuación para CALLIOPE
Aparte de los intérpretes, son pocas las personas que saben que la interpretación simultánea se usó por vez primera en un tribunal penal internacional – los juicios de Nuremberg - a fines de 1945. Son también pocos los que saben que la interpretación simultánea no se volvió a utilizar en un tribunal penal internacional hasta que se establecieron los tribunales de las NN UU para la antigua Yugoslavia y para Rwanda, a mediados de los años 90. ¿Cuáles son las implicaciones para los intérpretes?
Algo que a menudo la gente ignora es que los intérpretes hablan en primera persona: dicen “Yo hice esto”, “Me llevé a los hombres y a los niños musulmanes de Srebenica a un bosque y ahí los maté”, o “Me subí a un árbol para escaparme de la Interahamwe, pero tuve que contemplar cómo violaban a mi hija de seis años”. Y aunque hablen por otros, los intérpretes tienen que transmitir lo que se narra con absoluta fidelidad para así hacer justicia a lo dicho. Si no lo hacen, le están negando a la víctima o al perpetrador la posibilidad de tener voz y el resultado es la negación de una de las aspiraciones esenciales de la Justicia Transicional: que la gente pueda contar su historia.
Claro está que los Tribunales Penales Internacionales se constituyeron para castigar a los perpetradores, pero tanto el Tribunal Penal Internacional para la ex –Yugoslavia como el Tribunal Penal Internacional para Rwanda fueron diseñados para desempeñar también una función social y contribuir a una reconciliación post conflicto. Los intérpretes que prestan sus servicios en las audiencias también tienen que cumplir una doble función. Tienen que transmitir, con exactitud y de forma satisfactoria para el tribunal, argumentos jurídicos complejos, dando asimismo a los testigos la posibilidad que el mundo les oiga. De hecho, los intérpretes a menudo se enfrentan a términos jurídicos que ni siquiera tienen una equivalencia en su propio idioma, como lo atestiguan los intérpretes de Kinyarwanda en el TPIR. No sólo eso, sino que lo que dicen los intérpretes se incorpora a las actas del tribunal y puede usarse como precedente jurídico para juzgar a alguna persona en el futuro. Esto conlleva una enorme presión para el intérprete que debe ser absolutamente preciso y fiel al reproducir lo que se dice, aunque lo que se diga carezca de sentido o de claridad. Al fin y al cabo, esto es lo que prescribe el tribunal. Por otra parte, el intérprete es la voz de alguien a quien el sufrimiento le ha cortado cualquier vínculo con el resto de la sociedad.
En la Comisión de Sudáfrica para la Verdad y la Reconciliación, los intérpretes simultáneos, que eran todos sudafricanos, también se enfrentaron a estos escollos. Muchos dicen que se vieron profundamente afectados por las historias que contaron una y otra vez. Las víctimas y los perpetradores se sentaron juntos en las audiencias de la Comisión de los Derechos Humanos y los intérpretes estaban delante de las víctimas cuando éstas relataban lo que les habían hecho sus opresores. Los intérpretes manifestaron que se sintieron como si se lo estuvieran haciendo a ellos.
No cabe duda que se requiere una gran dosis de profesionalismo y una gran resiliencia emocional para trabajar como intérprete en entornos como estos. A los intérpretes se les confía la tarea de transmitir testimonios que con frecuencia son desgarradores y se expresan con dificultad, y de formular ante el acusado cargos en un lenguaje jurídico que muchas veces no tiene correspondencia en el otro idioma. Estos profesionales deben aceptar que lo que digan constará en acta y que por ello posiblemente será la base de futura jurisprudencia. De ellos se espera que cumplan con todo esto y que al mismo tiempo sean trasparentes e invisibles, que no dejen huella alguna de sí mismos en las palabras originales que pudiera atribuirse a sus propios prejuicios o predisposición. Mientras que la mayoría de las personas hablan sólo por cuenta propia, de los intérpretes se espera que se mantengan neutrales y con absoluto desapego, al tiempo que hablan en primera persona dando voz a cientos de individuos cuyas palabras deben transmitir tan cabal y fielmente como sea posible. ¿Cómo lo logran?
Martyn Swain, intérprete de conferencias con más de 30 años de experiencia y miembro de Calliope para África austral, ha llevado a cabo una investigación al respecto durante los dos últimos años y ha llegado a la conclusión de que lo que se espera de los intérpretes que trabajan en situaciones como las que se acaban de describir se sitúa en el límite de lo que pueden lograr incluso los intérpretes más duchos. Incluso va más allá, afirmando que cuanto más ducho sea un intérprete, más probabilidades tiene de verse irrevocablemente afectado como persona. No lo dice él, lo dice François Bembatoum, ex jefe de intérpretes del Tribunal Penal Internacional para Rwanda que manifestó en una entrevista en 2008, “Si un día eres capaz de salir de la sala del tribunal y contar un chiste y reírte a carcajadas, significa que has empezado a cambiar. Quiere decir que te has vuelto menos sensible al sufrimiento humano. Creo que mi naturaleza ya no es la misma. Soy diferente como persona”.
Si está usted interesado por tener más información, el título de la disertación de Maestría de Martyn es: “The Professional Interpreter in Transitional justice: An Empirical Study”. Puede tener acceso a ella a través de la Universidad de Ciudad del Cabo, University of Cape Town.
Martyn Swain
Miembro Calliope en África Austral
