CONFESIONES DE UNA INTÉRPRETE
 
Martine Bonadona
Intérprete basada en Paris
Miembro de CALLIOPE en Francia


Profesión

¿Qué lleva a alguien a querer ser intérprete? ¿Y cómo se consigue? No es fácil de explicar, son cosas que uno intuye. Lingüista s consumados o grandes traductores han afirmado que no son intérpretes, ni lo serán jamás. No soportan trabajar bajo presión, siguiendo fielmente un discurso sin ninguna red de seguridad. A los intérpretes esos riesgos les encantan. ¿Será cuestión de temperamento? ¿La apetencia de sensaciones fuertes? Sin duda, y también de amor por los idiomas.

Amor por los idiomas

Tampoco se puede explicar. Uno puede haber pasado la infancia inmerso entre padres que hablaban idiomas distintos o haber crecido entre lenguas diversas. También sentir desde siempre una inclinación por los idiomas, aunque los haya aprendido en el colegio o, más adelante, en el extranjero. Los verdaderos bilingües –poco frecuentes según nuestros criterios profesionales–, pertenecen a la primera categoría. Pero, más vale tener un idioma materno muy arraigado y comprender perfectamente los idiomas aprendidos, que pretender manejarse en las diversas lenguas mal adquiridas en los avatares de la infancia. En cualquier caso, los que han hecho una profesión de las lenguas, nunca dejan de interesarse en ellas, de seguir aprendiendo y de perfeccionarlas

Desánimo

Nos invade a todos alguna vez. Lo producen oradores que leen sus textos demasiado rápido. O ciertos temas muy técnicos y lejanos del material con que nos habíamos preparado, aunque lo hayamos hecho concienzudamente. Se instala con la falta de vocabulario, con la fatiga que nos desgasta y con la angustia que producen los conceptos que se escapan.
El día en que debuté, una intérprete con muchas horas de vuelo profetizó: “Llegará el día en que te ahogues. Te arrastrará el torrente de palabras de un discurso, como un mar de fondo en el que perderás pié”. Todos pasamos por ahí, pero sobrevivimos. Luego, la experiencia nos ayuda a superar esas dificultades, a mantener la cabeza a flor de agua, a atarnos al hilo conductor, a salvar lo esencial de lo dicho sin quebrar la comunicación.
Sabemos muy bien hasta qué punto estamos expuestos, cuánto dependemos de factores ajenos a nosotros (la calidad del sonido, la rapidez del orador, el conocimiento del tema tratado, nuestra condición física o la jornada que se hace demasiado larga) y del hecho que la interpretación es un arte

Felicidad

Este oficio tiene también sus momentos mágicos: discursos que nos hacen remontar vuelo y que de inmediato hacemos nuestros. Ese es el arte de la interpretación: meterse en la piel del orador, comprenderlo como a nosotros mismos, presentir qué va expresar, acompañar su razonamiento e incluso adelantar las palabras con que va a decirlo.
Hacer frente a las dificultades con desenfado, sintiéndose a gusto, regodeándose con el momento de superar los escollos, sin perder el ritmo. Con garbo. ¡Qué es eso, sino la felicidad!

Artistas

Es lo que realmente somos: artistas. Interpretamos un papel, el de cada orador, aunque a diferencia de los comediantes no hemos leído la obra y no disponemos del texto. Lo vamos descubriendo con nuestros oyentes. Y sin embargo, tenemos que encarnar al otro; al que habla. Porque somos su voz y tenemos que dar con su entonación, reflejar sus convicciones, sus dudas, su sentido del humor o su gravedad. Nos debemos a los que nos escuchan. Y por eso nos hacemos invisibles, para que crean que es el otro quien habla. Se dice pronto, pero conseguirlo.

Competencias

No basta hablar o conocer otras lenguas para ser intérprete. Es necesario aprender a pasar, constantemente, de un idioma a otro (teniendo presente sus rasgos culturales), a encontrar equivalentes, a adquirir rápidamente vocabularios y conceptos nuevos y, sobre todo, a concentrarse en lo esencial de un discurso y la manera en que éste se articula. Tener una vasta cultura general y cultivarla sin cesar. Si la conferencia del lunes es sobre la vivienda y la del martes sobre anestesia pediátrica, la del jueves puede ser sobre los resultados financieros de una gran empresa y la del viernes sobre los acuerdos culturales bilaterales entre dos países. Hay que ser polivalentes, aunque nos especialicemos en algunas áreas. Saber cambiar, constantemente, de interlocutores, lugar, tema y colegas. Y siempre con absoluta discreción.

AIIC

Mientras que la traducción -siempre necesaria en los intercambios entre comunidades- es un oficio antiguo, la interpretación es más reciente. La interpretación simultánea en conferencias nace después de la Segunda Guerra Mundial, impulsada en gran medida por las organizaciones internacionales, las Naciones Unidas y luego por las instituciones europeas, grandes consumidoras de servicios de interpretación hasta el día de hoy.

Prácticamente desde el principio, nuestros colegas quisieron establecer condiciones y normas de trabajo y un código deontológico. A falta de reconocimientos oficiales, crearon un sistema para garantizar la profesionalidad de las prestaciones. La Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia (AIIC, pronunciado “Aík”), es la única organización internacional que nos representa en todo el mundo

Equipos

Lo que no se ve en la película “La intérprete” de Sydney Pollack, porque en su trama la interpretación no pasa de ser un mero pretexto para el desarrollo de la historia, es que nosotros casi siempre trabajamos en equipo

En primer lugar, debido a la fatiga que produce este trabajo. Para soportar esa enorme exigencia, los intérpretes se alternan aproximadamente cada media hora. Limitan, además, el total de horas trabajadas en una jornada. Es de sentido común y lo avala la experiencia. Todos, en alguna ocasión, hemos ido más allá de lo razonable y ello ha significado días de recuperación, arrastrándonos como zombis, incapaces de pensar. Agotados

Luego, está el número de idiomas usados durante una reunión. Rara vez un intérprete comprende todas las lenguas utilizadas en las conferencias multilingües y resulta evidente que tampoco puede traducir hacia todas al mismo tiempo. En las instituciones europeas hay reuniones con veinte idiomas distintos. ¡Veinte! En esos casos, el equipo puede estar formado por hasta 60 intérpretes.

Conferencias

Conferencias hay muchas, pero no hay dos iguales.

Son como los anuncios: abundan, tratan temas diversos y su impacto en nosotros varía; o como los libros, más o menos apasionantes, difíciles o novedosos.

¿Qué es lo que recordamos de una conferencia? ¿Qué suscita nuestro interés? ¿Lo alucinante del tema o el contexto? ¿Los personajes, el entorno o la puesta en escena? ¿La dificultad de la tarea o la amabilidad de los organizadores? ¿Los problemas técnicos o el lujo que nos rodeaba?

Deontología

Pero no pasamos por ahí, ya que asumimos el compromiso de respetar el más absoluto secreto profesional. Es poco probable que hablemos de nuestras experiencias. Raras veces lo hacemos, aún entre nosotros. Al resto del mundo respondemos con vaguedades. No estamos para divulgar secretos. Nuestros colegas nos someterían a un boicot y nuestros clientes nos llevarían a los tribunales. No vale la pena correr ese riesgo. ¿Será por eso que conocemos tan mal nuestro propio mercado?

Mercado

Resulta prácticamente imposible saber cuantos intérpretes hay en el mundo o en cada país. Los profesionales nos ganamos la vida interpretando y los que no consiguen hacerlo, se ven forzados a combinar esta actividad con otras. También están los temporales: profesores, estudiantes, secretarias, azafatas, extranjeros, todos ellos con conocimientos más o menos sólidos de otras lenguas y otras culturas. Pero la calidad en esos casos es muy, pero muy irregular.

La gama de necesidades es muy amplia: los servicios de policía e inmigración, los tribunales de justicia, los organismos sociales que atienden a extranjeros, los particulares llegados de otro lugar que no comprenden el idioma, así como todas las reuniones internacionales, sean del mundo político o empresarial

Nosotros, los intérpretes de conferencias profesionales, ejercemos sólo en las reuniones internacionales. Interpretamos de forma simultánea. “Instantánea”, como decía por error un presidente de sesión, con escaso sentido del humor y, por lo tanto, no conocemos a los que practican esta actividad en otros sectores. Sólo a aquellos que forman parte de la Asociación profesional que nos representa y cuenta con rango consultivo en los organismos internacionales.

Interpretación, interpretariado o traducción (simultánea)

Cuando en Francia se habla de nuestra profesión, se utilizan los tres términos de manera casi indistinta. Ello significa que no hemos sabido explicar correctamente lo que representan.

Nosotros establecemos una diferencia muy sencilla entre la traducción (escrita) y la interpretación (oral). Es una convención, porque en ambos casos se trata de la misma actividad, la de comunicar un mensaje (sea escrito u oral), en otro idioma. Tanto en la labor escrita como en la oral, se trata de interpretar el texto o discurso de origen para transmitirlo en un texto o discurso final, de tal forma que dé la impresión de haber sido redactado directamente en el idioma de versión. La palabra interpretariado, que suele usarse en francés, no nos gusta. Consideramos que tiene connotaciones negativas, banaliza nuestro trabajo

Calliope

Entre el vaivén de las conferencias y el arbitrio de las afinidades, se van tejiendo y consolidando redes de profesionales. Algunos intérpretes también organizan equipos por encargo de sus clientes. En un mundo cada vez más abierto e internacional, se imponía la lógica de forjar una alianza de ayuda mutua, por el bien propio y el de nuestros clientes. Esa moderna herramienta –que lleva el nombre de la antigua musa, la de la voz más hermosa, la que soplaba sus versos a los poetas- nos permite estar más presentes en Internet, hoy día lugar de paso obligado. ¡Qué lejos de las máquinas traductoras y de la traducción automática!

Martine BONADONA
Intérprete basada en París
Miembro de CALLIOPE en Francia


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